Por Hugo Cayón Laso

Un año como desarrollador web: lo que nadie te cuenta

Hace exactamente un año firmé mi primer contrato como desarrollador web.

Recuerdo que ese día mezcló dos sensaciones que raramente van juntas: la ilusión de que por fin empezaba algo real, y la duda de si realmente estaba preparado para ello. Spoiler: las dos tenían razón a medias.

Ahora que ha pasado un año, quiero escribir esto con honestidad. No el resumen de LinkedIn donde todo fue brillante, sino el relato de cómo fue de verdad: lo que me costó, lo que me sorprendió y lo que ojalá hubiera sabido antes.


El primer día

Llegué con lo que en ese momento me parecían dudas puntuales. Sabía programar, tenía proyectos propios, había estudiado. Pero el primer día me di cuenta de que lo que no sabía no era código, sino contexto.

El contexto de cómo trabaja un equipo de verdad. El contexto de un proyecto con años de historia detrás. El contexto de por qué algo está hecho de cierta manera, aunque a primera vista parezca que podría hacerse mejor.

El stack que encontré fue CakePHP, JavaScript y MySQL. No era lo más moderno del mundo, pero eso me enseñó algo valioso muy pronto: en el trabajo real no eliges el stack, aprendes el que hay. Y eso, paradójicamente, te hace mejor programador que si siempre trabajaras con lo que ya conoces.


La sorpresa que no me esperaba: el equipo

Si me hubieras preguntado antes de empezar qué iba a ser lo más difícil, habría dicho el código. Me habría equivocado.

Lo más difícil, y también lo más importante, fue aprender a trabajar con otras personas.

No me refiero a llevarse bien, que eso es otra cosa. Me refiero a cosas concretas que nadie te enseña en la universidad:

  • Cómo hacer una pregunta bien hecha. No vale "esto no funciona". Hay que explicar qué esperabas, qué pasa, qué ya has probado.
  • Cómo revisar el código de otro. Criticar un enfoque sin atacar a quien lo escribió.
  • Cómo pedir ayuda sin parecer que te rindes. Hay un punto entre bloquearse demasiado pronto y bloquearse demasiado tarde, y encontrarlo lleva tiempo.
  • Cómo comunicar avance e impedimentos. Que el equipo sepa en qué estás, aunque aún no hayas terminado.

Todo eso parece obvio escrito así. En la práctica cuesta mucho más de lo que parece.


El momento en que algo cambió

No recuerdo una fecha exacta. Fue más un proceso gradual que un instante.

Hubo un punto en el que dejé de mirar a mi alrededor para ver si alguien me estaba observando. Dejé de dudar si debía abrir la boca en una reunión. Empecé a proponer cosas en lugar de solo ejecutar lo que me asignaban.

Me sentí parte del equipo.

Eso no significa que de repente lo supiera todo. Significa que me sentí cómodo no sabiéndolo todo, que es algo completamente diferente.


Las dudas evolucionan

Una cosa que nadie me contó, y que ahora me parece uno de los indicadores más claros de progreso real, es que las dudas cambian.

El primer mes tenía dudas sobre cosas que ahora resuelvo en minutos. Pero en lugar de tener menos dudas, tengo dudas sobre cosas más complejas. Cuestiones de arquitectura, de rendimiento, de decisiones que afectan al largo plazo.

Eso al principio puede confundirte: "¿Por qué sigo teniendo tantas dudas si ya llevo un año?" La respuesta es que las dudas no desaparecen, suben de nivel. Y subir de nivel es exactamente lo que quieres que pase.


Lo que le diría al Hugo de hace un año

Si pudiera hablar con el yo de hace exactamente un año, le diría tres cosas:

Pregunta más. Hay una tentación enorme, sobre todo al principio, de aparentar que ya lo sabes. Resistirla es una de las mejores inversiones que puedes hacer. Nadie espera que lo sepas todo. Sí esperan que seas honesto sobre lo que no sabes.

Toma notas desde el primer día. Todo lo que aprendes en los primeros meses se olvida más rápido de lo que crees. Las decisiones que tomó el equipo hace dos años, el porqué de cierta estructura, ese truco que alguien te enseñó de pasada. Apúntalo todo. Tu yo de seis meses después te lo agradecerá.

Disfruta del aprendizaje. Hay una prisa por llegar a "saber suficiente" que hace que no valores el camino. Pero el camino es donde está casi todo. Los momentos en los que algo por fin encaja, en los que entiendes por qué algo funciona como funciona, en los que resuelves solo algo que hace tres semanas habría requerido ayuda. Esos momentos merecen ser disfrutados, no solo superados.


Un año después

Ha sido un año intenso. También ha sido un año gratificante.

He aprendido más de lo que habría aprendido en cualquier otro contexto. He cometido errores que solo se cometen cuando el código va a producción de verdad. He visto cómo una decisión técnica afecta a personas reales.

Y sobre todo, he comprobado que este es el trabajo que quería hacer.

Queda mucho por aprender. Pero ya no me da miedo decirlo.


Si estás a punto de empezar tu primer trabajo como desarrollador, o llevas poco tiempo y te reconoces en algo de lo que he contado, escríbeme. Me alegra saber que este tipo de reflexiones le sirven a alguien.

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